miércoles, 9 de septiembre de 2015

HISTORIA COMPLETA DE "PRIMER POLVO" DE ELVIRA LINDO

   "Imagina que te echas un novio. Un novio de treinta y siete. Talludito. Imagina que te invita a su casa, que entras en su cocina y que te encuentras ante unos muebles como los de su abuela. Efectivamente, son los de su abuela. Entonces piensas que las cocinas de las abuelas, con esos mueblazos de madera y esas puertas de cristales tallados tienen su encanto, siempre que sigan siendo de una abuela. Te da la impresión de que tu nuevo novio se fija tan poco en su entorno, que el único cambio que ha hecho antes de que vinieras ha sido quitar el calendario de la caja de ahorros que tenía la abuela del año 85 colgado con chinchetas para poner un póster de Chaplin. Sospechas que el póster es herencia de los padres, porque tus padres tienen uno igual. Imagina que te quedas a dormir con él. No me gusta fisgonear en las alcobas de nadie, pero presiento que si el cabecero de la cama es también el de la abuela vas a experimentar un bajonazo transitorio, que superarás gracias a que el sexo obnubila el entendimiento. Imagina que, por la mañana, el olor del café entra en tu sueño. Qué detallista, pensarás. Detallista es el adjetivo que usamos cuando un hombre hace el café. Te levantas y… ¿qué hace su hermana en la cocina? Ah, no, que es él, que se ha soltado el pelo. Te sientas. Imagina que te sirve salmorejo de brik, jamón en lonchas, rebanadas de pan de molde. Y comes. Comes porque el sexo siempre da hambre, pero piensas, madre mía, cuánto hay que cambiar aquí.
Como si te estuviera viendo".   


   Y, poco a poco, haces que se preocupe de la decoración, que se corte el pelo (ahora se lleva el tupé), que tire sus camisetas viejas y que se afeite esa barba… esa barba que te volvía loca pincha y acumula bacterias; que se compre bermudas, y politos –este año se lleva lo marinero- y, por supuesto, que deje de ir a ese bareto cutre que tanto apesta. Tú tienes “glamour”, él tiene que estar a la altura.

   Continúas así un tiempo. Inmensamente feliz por ver tus progresos –tus amigas se mueren de envidia. Hasta que un día, te levantas perfectamente descansada -sin hambre- miras al lado y piensas: “¿Cómo pudo parecerme este tío interesante? Es aburrido, parece hecho en serie, como él hay un millón. Su casa parece sacada de un catálogo, no tiene personalidad, es puntilloso, egocéntrico, incluso diría que algo femenino. No me pone, así de simple. No es culpa mía, yo me merezco una fiera, un indomable, alguien con el que no me despierte descansada”.

   Lo dejas, por supuesto. Necesitas más, un Johnny Castle, un Roux, un Rick Blaine, un Jack Dawson… algo, que no sabes qué es, pero que te has cargado, amiga.

   Como si te estuviera viendo.


   M. B.





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